De las desgracias de Atilio y la lluvía tardía

cosecha

La primera reacción de Atilio fue no inmutarse ante el fuego que le consumía la tierra. Se desbordaban las llamas y él allí, petrificado. Su mente se sumergió entonces en aquellas horas de cosecha, de siembra, de sudor y resistencia. Ahora, en apenas unos segundos, al campesino de tez ennegrecida por el sol no le quedaba otra que ver al fuego terminar su trabajo, porque la cosecha era ya, a esas alturas, insalvable.

Y no fue la rencilla de algún paisano enemigo, o la imprudencia de transeúntes que rodearan sus tierras. Tanta fue la sequía en Cumanayagua durante los últimos cuatro meses, que la propia intensidad del sol sobre la hoja seca provocó, como el de Atilio, cerca de una veintena de incendios.

Un mes aproximadamente ha transcurrido desde que el campesino perdiera su caña sembrada y el maíz. Un mes, para que llegara, afortunadamente, la lluvia.

Y no solo el campesinado se alegra. Los que aman el bosque y tienen la responsabilidad de salvaguardarlo de incendios vieron los cielos abiertos (literalmente) cuando cayeron las primeras gotas. El índice boscoso del municipio, actualmente de un 59,79% tiene ahora posibilidades de no deteriorarse y aumentar la frondosidad de los árboles.

Directivos de la Empresa Forestal en el territorio de Cumanayagua confirman que se continúa el trabajo del Programa de Silvicultura Intensiva en el llano, encaminado a disminuir los volúmenes de talas de la montaña, incrementar el patrimonio forestal además de preservar y proteger el ecosistema circundante.

La estrategia ha de intensificarse, precisamente en un contexto en el que el Turquino de Cumanayagua posee como traba para la repoblación de los bosques el deterioro del parque de transportación y maquinarias, debido a los años de uso y a los viales de acceso a las áreas más intricadas, todos, en condiciones mejorables.

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