De las desgracias de Atilio y la lluvía tardía

cosecha

La primera reacción de Atilio fue no inmutarse ante el fuego que le consumía la tierra. Se desbordaban las llamas y él allí, petrificado. Su mente se sumergió entonces en aquellas horas de cosecha, de siembra, de sudor y resistencia. Ahora, en apenas unos segundos, al campesino de tez ennegrecida por el sol no le quedaba otra que ver al fuego terminar su trabajo, porque la cosecha era ya, a esas alturas, insalvable. Sigue leyendo

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